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En momento históricos como el que vivimos, en el cual la desconfianza en las instituciones públicas y la duda acerca de los intereses que sirven los personeros públicos, es vital enfrentarnos al problema de la integridad pública y como este concepto engloba diversas acciones y elementos que no sólo apuntan a la probidad administrativa como un “deber actuar” dentro de la Administración del Estado, sino también a una cultura ética y política que brega contra la corrupción.
La integridad pública, como nos señala Francisco Aldunate en este libro, es más que una mirada al sector público y a sus funcionarios, es una mirada también al sector privado y a la sociedad en su conjunto y cómo nos relacionamos. Cuando entendemos que la corrupción es una enfermedad que puede nacer en cada uno de nosotros y que nos afecta a todos, como personas, como organizaciones, como sociedad y finalmente como país, entendemos la necesidad de definir e implementar acciones que no solo reaccionen a la corrupción, sino que sirvan dentro de un ecosistema de control y ética, para prevenir conductas corruptas.
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